Hay momentos de tristeza, de zozobra y de hastío que nos pueden llevar por los caminos de la indiferencia, de la apatía y del desasosiego. .
En esos momentos debemos asirnos a cualquier rayo de luz que ilumine nuestra alma. Puede ser una palabra amable, una sonrisa, una plegaria que nos ponga en contacto con el Creador o la sublime visión de los regalos que nos ofrece la Naturaleza.
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Demos gracias a Dios y a todos los que nos aportan luz para avanzar por el camino, sin ellos la senda se haría insoportablemente dura.
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