
El volcán y el lago Villarrica siempre nos saludan
y nos regalan su extraordinaria belleza y energía.
Son el maravilloso tesoro de nuestra ciudad
compendio de pasión, belleza y de suma alegría.
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Este camino de tierra, embellecido por hermosos boldos
es testigo de los agradables paseos con mi fiel y cariñosa Loba
mi pastor alemán que me acompañaba en la alegría y en la tristeza
respirando el aire del plácido y embriagador lago Villarrica.

La nueva costanera, inmenso regalo a esta bella ciudad
obra emblemática que es la ilusión de los villarricenses
y el motor que impulsará el bienestar y la riqueza
de un pueblo necesitado de nuevos proyectos
de nuevos cauces de participación en la economía
y en el entramado socioeconómico que les permita crecer.
Observo a la ciudad más bella, más radiante, más esplendorosa
camina con nuevos bríos, con máximas expectativas.
Se necesita que den a la costanera una pincelada humanista
con puestos para los artesanos, para juegos infantiles
paseo de pequeños y mayores, con plazas para ocio y esparcimiento
y un anfiteatro donde puedan recitar los poetas, actuar los músicos y demás artistas.

Sauces en la playa de Villarrica. (Ampliar foto.)
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Los sauces permanecen impasibles observando la terminación de la costanera
deseosos de la llegada del verano para ver cómo remodelan las playas
y cómo las dejan aptas para el baño y disfrute de los locales y turistas.
Los gobernantes se deben mirar en el espejo de esta bella obra
en este marco incomparable del plácido y hermoso lago Villarrica.
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Fotos Juan Antonio




Para regresar lo hacíamos por el Puente de Piedra, pero antes nos tomábamos un rico helado en la legendaria Heladería Regina.
